He recibido, en mi correo electrónico, invitaciones para ser amigo, una impostura que pretende ser aceptada sin cuestionamiento. Cómo voy a aceptar la invitación de amistad de alguien al que ni siquiera conozco, Olvidamos que la palabra amistad representa uno de los rasgos más distintivos de la humanidad. Tener un amigo es algo muy serio, y siempre se los puede contar con los dedos de las manos. ¡Jo, un amigo! Lo que ocurre es que hemos banalizado esa palabra hasta aceptarla en un mensaje virtual recibido a través de una pantalla electrónica, pero que aún así la consideramos real y con orgullo afirmamos tener 3.272 amigos en nuestro haber cuando a muchos de ellos ni siquiera los hemos visto una vez en la vida.

A un amigo se le puede contar todo y entonces tontamente se lo contamos, porque las personas ofrecemos nuestra vida a la red con absoluta generosidad, igual como se hace con un amigo de verdad, y luego… pasa lo que pasa. Esa información estará a disposición de cualquier persona, agente oficial o simple chafardero, que se infiltre en la red con un nombre falso y un perfil inventado. Y nosotros, felices y triunfadores ciudadanos del tecnológico siglo xxi, soltamos nuestros secretos sin más, como si no hubiese suficiente con las mil cámaras de vigilancia que, semejantes al ojo de Dios que todo lo ve, campean por cualquier calle de cualquier ciudad, solicitadas por los propios y atemorizados ciudadanos que hemos regalado nuestra intimidad en aras de una falsa promesa de seguridad.”